Más minijuegos que nunca, más opciones y la originalidad y el humor que caracterizan a la saga componen un juego perfecto para engancharnos sin fin.

Más de una década después de la publicación de la última entrega de la saga, Rhythm Paradise (Rhythm Heaven, tanto en Estados Unidos como en Japón) vuelve a nuestras consolas a través de Groove, una nueva entrega para Nintendo Switch. Sí: para la primera consola, y no para la segunda. Aunque, evidentemente, es compatible con la nueva híbrida de Nintendo, es bastante probable que este título sea el último videojuego first party que vemos publicado en la consola antigua.

En cualquier caso, la vuelta de esta peculiar pero popular y querida saga de ritmo es una noticia excelente. Pero es que Groove no es un regreso cualquiera: es una entrega ambiciosa y compleja, con una enorme cantidad de fases y variantes de éstas y, básicamente, retos, desafíos y maneras de aproximarnos al juego de ritmo suficientes como para que nos duren una vida entera.

Aunque no os puedo desvelar exactamente cuántas fases tiene el juego, os puedo decir que supera de sobra el número que tenían las entregas de Nintendo DS y Wii y que puede competir perfectamente con Megamix, la recopilación que se lanzó para Nintendo 3DS y que contiene alrededor de cien minijuegos. Lo que pasa es que, a diferencia de esta última, la mayoría de los minijuegos y canciones de esta entrega son totalmente nuevos. Vamos: que Rhythm Paradise Groove es, básicamente, el título más completo y ambicioso de toda la serie.

Esto quiere decir que si habéis jugado a alguno de los títulos anteriores, vais sobre seguro: Groove va a daros todo lo que os gusta de ellos. Pero si no conocéis la serie, merece la pena una pequeña introducción. Cuando se la explico a algún amigo, me gusta decir que es como una especie de Wario Ware, pero de ritmo: se nos ofrecen distintas actividades y escenarios en los cuales tendremos que responder a estímulos visuales o auditivos pulsando de manera rítmica los botones.

El nuevo Rhythm Paradise Groove es la entrega más ambiciosa de la saga (análisis para Switch) Ver en YouTube

Casi todas las entregas de la serie habían salido en consolas con características un poco particulares. La pantalla táctil de las DS hacía que los juegos usasen muchas mecánicas relacionadas con arrastrar o tocar de forma ágil. La de Wii, por otro lado, tenía controles de movimiento. Cabía pensar cómo se adaptaría este control a una consola más convencional como es la Nintendo Switch. Lo que hemos encontrado es un esquema de control bastante directo. La inmensa mayoría de minijuegos de este Rhythm Paradise usan, como máximo, dos botones. Generalmente, serán el botón A y el botón abajo de la cruceta, permitiéndonos pulsar uno con una mano y otro con otra.

Es bastante sorprendente, la verdad, la gigantesca cantidad de situaciones que el juego es capaz de generar con sólo esos dos inputs. Cada “nivel” consta de cuatro fases y, después, una fase remix en la que tendremos que enfrentarnos a los cuatro minijuegos que acabamos de aprender a jugar, pero mezclados entre sí, saltando de uno a otro sin previo aviso.

Una de las cosas que más me gusta de Rhythm Paradise es que combina, de manera muy inteligente, pistas visuales y pistas sonoras para señalarnos en qué momento y cómo tenemos que pulsar los botones. Pero, como siempre, el ritmo de la música es más que suficiente para los jugadores más expertos. En las otras entregas, hay quienes juegan muy bien y presumen de poder pasarse los minijuegos con los ojos cerrados; en este caso, es totalmente posible hacerlo así, también. De hecho, hay algunas opciones en el menú, como la opción de lectura descriptiva, que no sólo son buenas herramientas de accesibilidad sino que, seguramente, servirán de apoyo a quienes quieran jugar de este modo.

Pero, por norma general, los meros mortales a veces necesitamos algún guiño más. Y parte de la gracia del juego es no sólo el ritmo en sí, sino la manera en la que el título es capaz de encontrar situaciones rítmicas, sonidos y canciones en hasta las cosas más inesperadas. En uno de los minijuegos que más me han gustado, somos un robot que trabaja en una fábrica de flanes y tenemos que ayudar a desmoldarlos mientras evitamos que los flanes que han salido pochos caigan sobre la cinta transportadora. En otro, somos una chica que practica fútbol mientras piensa en el chico que le gusta y en sus sueños de ser profesional.

Entre hombres fardones y musculosos que entrenan bíceps mientras les lanzan frutas, coches que graban un anuncio de televisión, novias que preparan una ensalada para su amado, alienígenas que tratan de comunicarse con nosotros y ranas que quieren ejecutar ambiciosísimos saltos se nos pasarán las horas sin darnos cuenta. Es verdad que Rhythm Paradise Groove no es uno de esos juegos que podemos jugar en sesiones de cuatro o cinco horas, porque la exigencia de algunas de las fases y el aprendizaje de un minijuego tras otro puede saturar un poco, pero sí es el tipo de juego al que le dedicaremos básicamente cada hora que tengamos libre.

La exigencia, por cierto, es otra cosa que se mantiene respecto a las entregas anteriores. La saga tiene la fama de ser un poco puñetera en algunos de sus planteamientos. Afortunadamente, dedica mucho tiempo a los tutoriales: siempre que empecemos un minijuego se nos explicará cómo jugarlo y se nos ofrecerán distintos entornos de prueba para aprender los ritmos y los inputs a los que tenemos que responder. Aun así, en las fases finales de Groove encontraremos minijuegos en los que incluso pasar el tutorial nos costará un buen trabajo.

En cualquier caso, creo que eso es bueno. Hay una pequeña escalada de dificultad, pasito a pasito, en los minijuegos de Rhythm Paradise que, aunque nunca llega a hacerse cuesta arriba del todo, nos va haciendo mejorar casi sin darnos cuenta. Para cuando hayamos pasado cuatro o cinco niveles, los juegos del principio nos parecerán muchísimo más accesibles que cuando empezamos.

Esto es un factor importante porque, como en las otras entregas, hay coleccionables y medallas que podemos obtener jugando. Como mínimo, tendremos que pasarnos cada fase al menos una vez para desbloquear la siguiente. Pero sí que tengo que decir que el juego es bastante más permisivo con las puntuaciones que entregas anteriores. Conseguir un “notable” - la puntuación que en este juego es lo que sería un “bien” en los clásicos, sospecho que intentando hacer un juego de palabras con las notas musicales - es bastante razonable incluso cuando hemos fallado unos cuantos inputs. Aun así, si verdaderamente no hemos entendido el ritmo de la canción o lo que el juego nos está pidiendo, sacar un “mejorable” nos impedirá pasar al siguiente nivel y tendremos que repetir.

Cuando hemos conseguido terminar el juego con una puntuación de “excelente”, con dos o tres errores como mucho, ganaremos una medalla. Después, conforme juguemos, aparecerán, de manera aparentemente aleatoria, eventos en los que se nos ofrecerán tres oportunidades para conseguir una puntuación perfecta. Personalmente, me gusta esta manera de incentivar a que intentemos superarnos poco a poco y a que no abandonemos la práctica de los minijuegos que ya tenemos más dominados. Os diría, personalmente, que no os toméis a la ligera esta posibilidad; no os voy a estropear la sorpresa, pero si conseguís superar el desafío, se desbloquea algo muy, muy chulo.

Podría parecer que las medallas y las puntuaciones son algo únicamente pensado para completistas, pero aquí tienen un papel importante. Entre otras cosas, las medallas nos permiten desbloquear nuevos capítulos de Beatspell, un nuevo modo que funciona más o menos como un RPG. Consta de distintos capítulos en los que tendremos que derrotar a enemigos utilizando hechizos que tendremos que mover, claro, al ritmo. Beatspell usa compases de cuatro por cuatro y nos da distintas combinaciones de botones que podremos utilizar para invocar hechizos de ataque, defensa y curación para acabar con los oponentes sin acabar con nuestra barra de vida. Son fases algo más largas que los minijuegos y más desafiantes, ya que nos instan a mantener el ritmo de manera constante durante toda la fase. Personalmente, me ha parecido una idea muy divertida y original.

Aunque, en general, me ha encantado Rhythm Paradise Groove, sí tengo que sacarle algunas pequeñas pegas a las propuestas. Los que jugaseis la entrega de Nintendo DS, que estaba completamente doblado, echaréis en falta canciones y pistas auditivas con voz en castellano. Y a pesar de que, en general, todos los minijuegos son muy originales, es verdad que hay un puñado de ellos que se hacen un poco reiterativos sobre los mismos conceptos.

Rhythm Paradise Groove – Tráiler general (Nintendo Switch) Ver en YouTube

Que los minijuegos os gusten más o menos dependerá, también, de cuánto os guste la canción en sí. Algunas me han alucinado y otras me han dejado más indiferente, pero supongo que entra dentro de lo normal. Lo que sí que me hubiese gustado es que el juego hubiese añadido señales visuales más precisas cuando fallamos un comando. Hay minijuegos que sí que nos explican si hemos pulsado el botón demasiado pronto o demasiado tarde, pero en otros - la mayoría - la animación es la misma tanto si nos hemos adelantado como si nos hemos atrasado, y a veces eso dificulta saber cómo podemos mejorar.

Al margen de eso, querría destacar muy positivamente el modo multijugador de Rhythm Paradise Groove. Hay una decena de juegos, cada uno con tres variantes, que nos permiten enfrentarnos a hasta otros tres jugadores en cooperativo o competitivo local. Son absolutamente descacharrantes y también desafiantes, pero muy, muy aptos para generar piques entre amigos y para animar cualquier noche de juerga que se precie.

Con todo esto, sólo me queda decir que este regreso de la saga Rhythm Paradise es un éxito absoluto. El juego es completo, variado y extremadamente original, y no se parece a prácticamente ninguna otra saga o franquicia. Con un equilibrio perfecto entre el juego tranquilo y el apretarnos las tuercas si verdaderamente queremos sacar buenas puntuaciones, hay contenido a raudales y, sobre todo, muy, muy buenas ideas que brillan con luz propia. Si este es, verdaderamente, el último juego first party que se publica para la primera Nintendo Switch, es un cierre absolutamente espectacular.