Haneda Girl ofrece acción ágil, un diseño de niveles a prueba de bomba y una enorme expresividad en el movimiento sin perder ni un ápice de estilo.

Hace ya cuatro años que los barceloneses Studio Koba sorprendieron a propios y extraños con Narita Boy, una aventura de la que dijimos en su momento que iba “mucho más allá de ser un homenaje retro” y que combinaba el ejercicio estilístico con una gran aventura estilo metroidvania. Su siguiente proyecto mantiene algunas de las señas de identidad del primer título, como un pixelart impecable incluso tras cambiar de estilo, pero también explora nuevos territorios en el gameplay con éxito.

Haneda Girl nos pone en la piel de Chichi Wakaba, una adolescente que no destaca mucho en el instituto pero es la mejor jugadora del arcade que pone nombre al juego. Cuando enciende la recreativa puede acceder al Imperio de Datos y defenderlo de los temidos Hackernautas con sus habilidades controlando a los dos personajes del juego dentro del juego: Haneda Girl es capaz de desplazarse y luchar por los niveles a toda velocidad, pero también tiene acceso a una poderosa arma: el mecha M.O.T.H.E.R.

El argumento es una excusa para llevarnos de un nivel a otro, con una serie de simpáticos chascarrillos cada ciertos niveles que no interrumpen el flow de la aventura. Lo nuevo de Studio Koba es antes que nada un plataformas de acción 2D cuya velocidad y fiereza recuerdan a títulos como Katana Zero o Hotline Miami. Su mejor arma es que este juego funcionaría incluso en un vacío: manejar tanto a Haneda Girl como M.O.T.H.E.R. es una gozada gracias a unos controles precisos que nos dan acceso rápido a una gran variedad de movimientos. El mero hecho de movernos por el espacio digital del juego es una delicia, da igual con quién escojamos movernos.

Los dos personajes tienen grandes diferencias en su set de acciones: Haneda Girl es capaz de atacar con un estilo sigiloso, apuñalando a enemigos cercanos y pudiendo volverse invisible, pero también es ágil y puede usar su katana para atravesar a varios enemigos de un solo movimiento con un dash. M.O.T.H.E.R., por su parte, cuenta con armas de fuego y su dash es capaz tanto de destruir muros como de aplastar enemigos. El juego aprovecha además muy bien la dualidad de personajes, ofreciendo opciones adicionales de combate y movimiento para. Por ejemplo, la manera más cómoda de recargar el dash de Haneda Girl en cualquier momento es subiéndose al mecha durante unos segundos, así que saber cuándo realizar el cambio sirve para optimizar nuestros tiempos. Además, el mecha flota en el aire y se puede usar como vía para alcanzar lugares complicados donde nos esperan coleccionables.

Aunque he comentado que todo esto funcionaría en un vacío, lo cierto es que todo este arsenal a nuestro alcance sirve para resolver con creatividad unos niveles con un genial diseño. Lo mejor que tiene es que, aunque claramente hay zonas restringidas y momentos en que una de las dos opciones es ideal, el diseño abre las puertas a resolver las situaciones de maneras diferentes con cualquiera de los dos personajes. Los controles nos permiten iniciar un combo cortando a varios enemigos un dash, cambiar en el aire al mecha para caer sobre unos enemigos desprevenidos, trepar una pared para apuñalar a un enemigo en una cornisa y cambiar a M.O.T.H.E.R. para pegar un escopetazo a otro robot gigante en apenas un par de segundos.

Haneda Girl tiene una aproximación muy expresiva a la acción, ofreciéndonos siempre varias alternativas para resolver una misma situación y dejando hueco para estilos de juego muy distintos. Esta libertad no solo permite especializarnos, sino que además nos ofrece muchísimas salidas para improvisar cuando nuestros planes no salen a la perfección. Los niveles son cortitos pero densos en situaciones complicadas, así que es normal morir varias veces antes de encontrar la manera de llegar al final; es complicado repetir exactamente la misma secuencia de movimientos todas las veces a la perfección, así que es agradable encontrar maneras en las que el juego te permite dar la vuelta a una situación inesperada.

Esta expresividad choca un poco con el sistema de puntuación, que es bastante rígido. Tal y como está planteado, el juego invita a deshacernos del mecha y a emplear el dash continuamente para obtener la mejor puntuación posible, cuando en realidad lo más divertido del juego es precisamente variar y encontrar diferentes maneras de enfrentarnos a una misma situación. Las puntuaciones no son realmente necesarias para avanzar en la historia, pero sí desbloquean algunos niveles extra que alargan bastante la vida del juego y, en algunas ocasiones, nos permiten acceder a opciones extra como por ejemplo ampliar el armamento del mecha con armas adicionales que, de nuevo, aumentan las posibilidades de personalizar nuestro estilo de juego… aunque, como decimos arriba, el mecha no es especialmente útil para obtener mejores puntuaciones.

La estructura del juego se divide en “sectores”, cada uno de ellos con tres niveles obligatorios y un par de niveles desbloqueables. Haneda Girl aprovecha esta sistematización para ir introduciendo nuevos conceptos en cada sector: ya sean nuevos enemigos como unos francotiradores capaz de dispararnos en cualquier parte del nivel si estamos más de un par de segundos quietos o nuevos obstáculos como portales. Todas estas novedades se van sumando al lenguaje del juego, que para los niveles finales ofrece tanto acción frenética como complejidad mecánica de una manera que resulta natural.

Tanto a nivel visual como sonoro, la presentación de Haneda Girl es ejemplar. Su vibrante banda sonora techno combina a la perfección con unos entornos bañados en neón. Los escenarios son sorprendentemente fáciles de leer pese a la cantidad de elementos en pantalla, si bien algunos de los encuentros en entornos con muchos explosivos se vuelven algo confusos en los momentos con más acción.

Haneda Girl es un divertidísimo plataformas de acción que combina un cuidado diseño de niveles con unos controles precisos y un gran arsenal de movimientos a nuestro alcance. El sistema de puntuación podría acompañar un poco más al resto de la acción, pero a poco que nos olvidemos de él podemos centrarnos en lo que mejor hace: darnos herramientas para resolver sus situaciones de maneras expresivas, dejando espacio para la improvisación y la creatividad.