El proceso de escribir un análisis tiene mucho de hablar sobre la sorpresa: te enfrentas a una obra desconocida y vas apuntando lo que te llama la atención, sin influencias externas y sin saber qué opina nadie más que tú. Por eso me cuesta tanto escribir sobre un Early Access de un juego que se ha convertido en algo familiar, que ha formado parte de mi vida durante meses y se ha convertido en una segunda piel, además de un título sobre el que se han vertido tantísimas palabras. Ha pasado un año y medio desde que escribí las primeras impresiones de Hades 2, en aquel entonces aún en acceso anticipado, pero en todo este tiempo no he dejado de jugarlo. Escribir sobre él para explicar por qué me parece todo un hito me resulta tan complicado como despegarme de mi propia rutina para hablar de ella, pero siempre merece la pena hacer el esfuerzo si es para alabar la obra de un estudio tan completo como es Supergiant Games.
Hades 2 nos lleva a una época indefinida después de los eventos del primer juego, con prácticamente todos sus actores principales atrapados por Cronos. El Titán del Tiempo logró escapar de su prisión y ahora se dedica a ejecutar una venganza contra los dioses del Olimpo. La única esperanza de derrotarle reside en la única familiar de Hades que se libró de su ataque: Melínoe, la hermana menor de Zagreo. La bruja Hécate salvó a la niña cuando aún era un bebé y se ha pasado años entrenándola para que salve a una familia a la que ni siquiera tuvo tiempo de conocer. Ahora por fin es el momento de iniciar una misión para la que lleva toda la vida preparándose.
La primera secuela en la historia del estudio Supergiant (Bastion, Transistor, Pyre) sigue en gran medida el molde marcado por su genial primera parte. Este roguelite de acción nos invita a salir cada noche a dar muerte a Cronos, recorriendo entornos plagados de enemigos inspirados en la mitología griega mientras recibimos el favor de los dioses del Olimpo para mejorar nuestras aptitudes. Al fracasar en nuestra misión regresamos a Las Encrucijadas, una región más allá de la vista del Titán del Tiempo donde podemos conversar con nuestros aliados, mejorar algunas estadísticas de forma permanente y elegir nuestro equipamiento para el siguiente asalto.
El anterior juego refinó tanto este bucle jugable, que bebía de anteriores títulos del estudio y de roguelites adyacentes, que Hades se ha convertido en uno de esos juegos que da nombre a todo un género de seguidores. Su secuela no busca salirse de este paradigma, optando en su lugar por refinar y expandir hasta el último recoveco del juego original. De forma sorprendente, lo consigue: basta volver un rato al primer Hades para darse cuenta de todo el trabajo que ha ido a incorporar nuevas ideas, cambiando desde la velocidad del combate hasta la variedad de opciones tácticas.
Vamos a dejar eso para más adelante en el texto, porque en el fondo sé que mucha gente no viene a Hades necesariamente por su faceta jugable, sino por el universo que construye. Su protagonista Melínoe ha logrado algo casi imposible: no he echado de menos a Zagreo. Es un personaje con más capas; en las primeras partidas se nota más insegura, temerosa de forzada a madurar antes de tiempo por el peso de la carga que supone su misión. Dicho esto, está decidida a enfrentarse a todo lo que se interponga en su camino y poco a poco va ganando confianza, especialmente notable en sus conversaciones contra los jefes finales, donde va sacando a relucir un tono más socarrón a medida que supera encuentros, como si estuviese recibiendo una herencia de su hermano.
Gran parte del plantel principal de Hades está desaparecido, así que Melínoe tiene su propio círculo de confidencias, cargado de personajes icónicos. Hécate juega un papel doble como entrenadora y como madre adoptiva, la enorme Némesis (hija de Nicte, también presa de Cronos) paga sus frustraciones por no haber sido elegida para la misión, el estratega Odiseo aporta el toque más humano a las conversaciones… Supergiant explota como nadie el formato del roguelite para avanzar sus historias poco a poco, con paciencia, mostrando las grietas en las fachadas que han levantado cada uno, para terminar abriéndonos su corazones en canal.
La mayoría de los dioses regresan de la primera entrega, aunque algunos pasan de tener sus propias bendiciones a tener apariciones más limitadas, como es el caso de Dioniso o Artemisa. En su lugar recibimos a Hestia, Apolo, Hefesto y Hera entre otros, además de una nueva colección de personajes de mitos como Aracne o Narciso. De nuevo supone reiterar bondades del primer título, pero Hades 2 realiza un gran trabajo apropiándose de la mitología griega para contar sus propias historias con humor y ternura, pero con más tono de tragedia que la primera entrega y sin perder de vista que este panteón está formado por deidades egoístas y caprichosas. Todo esto se ve elevando por unas interpretaciones siguen estando a un nivel excepcional, al igual que la banda sonora; suena a repetición del primer juego, pero no está de más recordar que las voces de Hades son la componente indispensable de la construcción de los personajes.
El aspecto narrativo es, dicho esto, el que menos evoluciona de un juego a otro; en general las tramas y los personajes secundarios me han parecido mejor escritas que en el primer Hades, mientras que la historia principal se diluye un poco por la gran cantidad de cosas que están pasando en todo momento. Zagreo siempre avanzaba con un único objetivo en mente y su historia se podía construir de forma más sencilla en torno a este conflicto; Melínoe tiene que cambiar de prioridad varias veces a lo largo de la trama; a ratos el juego pierde pulso narrativo en favor de ofrecer más opciones jugables.
Sin entrar en detalles de la trama, Hades 2 ofrece relativamente pronto una elección al inicio de cada run que altera por completo la estructura y los escenarios que visitamos, generando en la práctica dos partidas diferentes, cada una de ellas con la misma escala que el primer Hades. Aquí es donde quizá el juego muestra más su condición de secuela: es mucho más grande que el original, pero de una forma interesante. Hades 2 se permite además jugar más con la estructura, con un mayor número de zonas en las que la forma de avanzar tiene alguna particularidad, como por ejemplo una especie de micromundos abiertos con recompensas opcionales para quien explore un pelín el mapa. No genera runs más largas, sino todo lo contrario, porque este salto de escala ha venido acompañado de cambios fundamentales al combate.
Las peleas son más rápidas y feroces, con hordas de enemigos más numerosas y patrones de ataque más agresivos. Los encuentros son mucho más cortos en parte porque raramente tenemos que buscar a los enemigos; el auténtico problema para Melínoe es el control de masas. En Hades las partidas se podían iban sin mucho problema por encima de los tres cuartos de hora, mientras que en Hades 2 no suelen pasar de la media hora; mi récord actual está en menos de veinte minutos. El sistema puede parecer similar a primera vista, pero basta regresar un rato a Hades para darnos cuenta de que es el aspecto donde más esfuerzo se ha puesto.
Melínoe tiene un arsenal de ataques mucho más grande a su alcance que Zagreo: el ataque normal y el especial se mantienen, mientras que el proyectil deja paso a un hechizo de área que se alza a nuestro alrededor para contener enemigos. Los tres tienen una versión “omega” cuando cargamos el ataque, que no son solo ataques mejores sino también algo distintos a nivel táctico. Por ejemplo, el ataque normal del arma por defecto es un golpe normal y corriente hacia delante, mientras que su versión omega es una ráfaga que se lanza en dos direcciones opuestas. La posibilidad de mantener el botón de dash para correr, que también puede ser mejorada con bendiciones, proporciona más movilidad y agilidad a los desplazamientos. Esta nueva gama de posibilidades, que viene acompañada de una mayor variación entre armas y entre aspectos de arma, genera muchísima variedad a la hora de aproximarnos de forma táctica al combate.
Uno de los cambios más importantes en Hades 2 es la frecuencia de las recompensas que elegimos al pasar de una habitación a otra: en cada run hay menos habitaciones que proporcionen un objeto para mejoras permanentes que en Hades 1, siendo sustituidas por encuentros más a menudo con los dioses para recibir bendiciones. No desaparecen del todo, pero pierden mucho peso en el conjunto de las runs, ya que la mayoría de recursos que necesitamos aparecen en habitaciones de forma independiente a la recompensa que hayamos elegido. El resultado es una menor sensación de grindeo y más conversaciones divertidas, por no hablar de builds más complejas y mayor número de sinergias.
He podido seguir el Early Access de cerca, echándole unas quince horas a cada gran actualización del juego, y el trabajo se ha notado mucho en pequeños detalles que los jugadores de la versión 1.0 nunca llegarán a ver como problema. Por ejemplo conseguir materiales para ciertas mejoras era un proceso bastante pesado en la primera versión, pero esto se ha ido refinando con cada actualización para dejar este aspecto como algo que sucede de una manera más natural y que no requiere tanto grindeo como simplemente voluntad de priorizar ciertos materiales sobre otros.
Me dejo para el final lo que llama la vista desde un primer momento: Hades 2 es un juego precioso que cuida al detalle cada retrato, cada modelo tridimensional y cada punto de la interfaz. No es casualidad que en estos años se hayan producido toneladas de fanart de ambos títulos; la obra de Supergiant supura estilo por los cuatro costados desde el mismo Bastion. Regresar al primer Hades pone en valor el trabajo de Hades 2 para añadir más fluidez y personalidad a las animaciones de cada personaje, en particular de una Melínoe que se desliza por los escenarios con un catálogo de movimientos mucho mayor que Zagreo.
Hades 2 es el mejor ejemplo de cómo hacer una secuela de un juego basado en sistemas: mantiene intacto el bucle del título original mientras interviene en todo lo accesorio con la precisión de un cirujano. El resultado es un nuevo paradigma para los roguelites de acción, que expande con habilidad la experiencia a base de sumar capas de complejidad y variedad en lugar de simplemente añadir más contenido. En un género tan saturado de títulos buscando la gloria del primer Hades, casi parecía imposible que Hades 2 funcionase; solo un estudio tan experimentado y con tan buen hacer como Supergiant Games podía poner el listón aún más alto.









