Si estuviera entre la espada y la pared y tuviera que posicionarme, tengo bastante claro que elegiría una consola antes que un PC para jugar. Como llevo haciendo toda la vida, vaya. Sin embargo, eso no quita para que, en ciertas épocas, me haya permitido no pocas incursiones en géneros que por aquel entonces tenían difícil traslado al mando. No quedaba más remedio que pelearse con sistemas operativos, instaladores y drivers del demonio si uno quería despejar mazmorras en el Diablo, conquistar a sangre, fuego y acero los asentamientos de los Orcos en Warcraft o, claro está, aplastar la maquinaria bélica nazi en Commandos: Behind Enemy Lines.

Y, sinceramente, merecía la pena.

Pero es que, al margen de las filias, fobias y experiencias personales, al título de Pyro Studios no le rodea un halo de leyenda por casualidad. A su robusto apartado artístico y unos desafiantes niveles diseñados con pulso firme se sumaba una jugabilidad tan innovadora que, a fin de cuentas, sentó las bases para lo que bien podría considerarse un nuevo subgénero en los juegos de estrategia. Aunque tampoco hace falta que me creáis, con que le echéis un ojo a los títulos de Mimimi Games tendréis pruebas de sobra. No obstante, parecía que, tras varias entregas y un spin-off, el Boina Verde y sus compinches habían colgado las botas para volver a la vida civil.

Pero los clásicos nunca mueren del todo, y siempre hay gente con ganas de tejer nuevas historias, especialmente si se trata de contar el origen de una saga que empezaba, pongámoslo así, in media res. Este es, precisamente, el caso de Commandos: Origins, un título desarrollado por Claymore Game Studios que se publicó el pasado 9 de abril.

A nadie sorprenderá el hecho de que, como el propio nombre del juego indica, Commandos: Origins sea una precuela de la saga original. El juego arranca con unas primeras misiones que profundizan en la formación de esta unidad de operaciones especializadas y miembros de habilidades más especializadas aún. Y pese a que esto da pie a algún que otro socarrón intercambio de pareceres, lo cierto es que más nos valdrá que estemos más atentos a las patrullas enemigas que a los diálogos de nuestros aliados.

Y aunque eso sí nos servirá para evitarnos más de un desagradable desenlace, nuestra astucia y una nada desdeñable cantidad de recursos a nuestro alcance no impedirá que nos demos de bruces con las más que evidentes asperezas de un título que estaba llamado a dar muchísimo más de sí. Como iba apuntando, en la columna del haber Commandos: Origins puede anotar, con confianza, tanto la amplísima gama de habilidades de nuestros comandos - deudoras, cómo no, de las entregas originales - como lo bien que sinergizan entre ellas. Poner el señuelo del Boina Verde para que algún memo pase por encima de la trampa para tiranosaurios - eso no es un cepo, es gigantesco, a mí no me la pegan - del Zapador es un clásico que nunca pasa de moda, que no os quepa duda. Simpáticas y letales triquiñuelas al margen, el otro gran acierto de Claymore Games es incorporar un buen puñado de los avances que ha experimentado este subgenero mientras la saga estaba en barbecho. Así, al incorporar atajos en el control, el ya clásico modo para ejecutar varias habilidades al mismo tiempo o un manejo de la cámara mucho más moderno, Commandos: Origins consigue, al menos en estos aspectos, jugar a la par de exponentes del género como, por ejemplo, Shadow Tactics: Blades Of The Shogun.

Pero para de contar, la verdad. Esos innegables aciertos se ven deslucidos por un control al que el adjetivo “tosco” por momentos se le queda corto. Colisiones inexplicables con elementos del escenario o abrir una puerta y quedarnos por el lado opuesto al pretendido es moneda de cambio habitual en un título que, además y por el momento, está plagado de no pocos bugs. Pantallas del tutorial que no desaparecen, bugs o la imposibilidad de cambiar de modo de visión son constantes alegrías que, por si fuera poco, se dan la mano con un apartado visual que, en resumidas cuentas, se limita a cumplir el expediente por los pelos.

Esa es, en última instancia, la sensación que transmite Commandos: Origins. Y es una pena, porque en su interior parece residir el germen de un gran título. Hay detalles aquí y allá que dejan claro que Claymore Games entiende muchos de los elementos clave de la saga y de los avances del subgénero, pero en algún momento del desarrollo la cosa empezó a torcerse. Quizá hubieran necesitado más tiempo o quizá otro enfoque, pero esperemos que la próxima vez sea la buena.