Revelations consigue revisar, ampliar y mejorar su propuesta manteniendo intacta la esencia de Doom: The Dark Ages.

Cuando llevaba quince minutos jugados de Doom: The Dark Ages - Revelations - un lapso de tiempo que suelo emplear para hacer una valoración preliminar sujeta a revisión - pensé en que “este DLC está guapo”. Cuando, pasadas unas horas, Revelations pisaba el acelerador para que mordiera el polvo pese a mis reseñables esfuerzos pensé “este DLC está MUY guapo”. Sin embargo, no fue hasta que volví a jugar al título base - simple y llanamente por refrescar y comparar - que conseguí apreciar el calado de este Doom: The Dark Ages - Revelations.

Aunque, la verdad sea dicha, no empezó con muy buen pie, que digamos. Un impertinente - y algo fastidioso - bug había dejado sin asignar unos cuantos controles, con lo que, al ir apareciendo los nuevos tutoriales, allí donde tendría que haberse mostrado el input correspondiente aparecía un misterioso “???”. Menos mal que, inspirado por la férrea fuerza de voluntad del Doom Slayer, hice de tripas corazón, me sumergí en ese pozo de lamentos y sufrimiento llamado “Settings” y pude asignar unos nuevos controles.

Pese a que nunca sale nada bueno de trastear con las configuraciones de nuestros juegos, mucha mejor suerte corrí yo que nuestro venerado Slayer al comienzo de este DLC. De una forma que en lo narrativo recuerda al comienzo de Doom Eternal y en lo jugable a sus DLCs, el Slayer decide que, tras los acontecimientos de The Dark Ages, ya es hora de poner en su sitio al Alto Consejo del Infierno. Y durante un buen rato, parece que la cosa marcha; nuestro arsenal funciona a pleno rendimiento, los demonios caen como fruta madura, recorremos a toda pastilla escenarios que parecen la portada de un disco de thrash metal… toda una experiencia DOOM de primer orden. Por desgracia, todas las cosas buenas llegan a su fin y, en este caso, el Slayer muerde el polvo a base de bien al intentar que el Alto Consejo Infernal se vea entre su escopeta y la pared. Derrotado, desterrado a las profundidades del Infierno y desequipado, nuestra brújula moral en lo que a relaciones infernales se refiere tendrá que enfrentarse a los fantasmas de su pasado mientras busca una escapatoria a esta condena.

No será fácil, porque, para empezar, no tendremos a nuestra disposición uno de los ejes sobre los que se sustentaba Doom: The Dark Ages: el escudo. A consecuencia del soberano correctivo que nos llevamos al intentar derrocar a la Junta Directiva del Infierno, el elemento que nos convertía en un baluarte tanto defensivo como ofensivo ha quedado hecho jirones. Menos mal que, por suerte para nosotros, hay un esquivo custodio de este gélido exilio que parece tener la intención de apoyarnos y, gracias a él, obtendremos una versátil lanza sobre la que podremos construir nuestro agresivo repertorio. Eso sí, si bien el escudo parece que podrá pasar por el taller, la armadura bien podremos declararla siniestro total. Una gravísima pérdida para la que sólo encontraremos consuelo en el hecho de que, sin ella, el Slayer resultará aún más amenazador a los pobres demonios que le salgan al paso.

Y no serán pocos, porque ninguno de ellos tiene intención de permitirnos volver a la superficie. Pero claro, si esa era su intención desde el principio, no deberían de haber cometido errores como dejarnos con vida o lanzarnos al abismo con todo nuestro armamento. Así, y en lo que a nuestro arsenal se refiere, comenzamos nuestro periplo por este árido y frío Purgatorio pudiendo centrarnos en obtener mejoras para nuestra nueva y flamante lanza, ya que las armas del juego base estarán mejoradas al máximo desde el principio. Además de eso, cada vez que derrotemos a un líder se mantendrá la dinámica del juego base de, ejem, digamos, hacer que su cuerpo tome una respetable distancia, nuestra mano mediante, de un órgano tan importante como su corazón. Sin embargo, y a diferencia de la historia principal, esta vez podremos elegir si el poder extraído sirve para aumentar la capacidad de nuestra salud, armadura o munición.

Aquí ya entrarán las preferencias jugables de cada uno, pero lo que es innegable es que gran parte de los nuevos retos que nos presenta Doom: The Dark Ages - Revelations están a la altura de sus añadidos jugables. Por cada revisión o nuevo enemigo que salta a la palestra, la lanza añade un plus jugable en forma de movilidad o versatilidad. Allí donde enemigos como el Archvile o el Elemental del Dolor son capaces de desquiciarnos con sus infernales fechorías, la lanza nos ofrece múltiples soluciones tan divertidas y brutales como poder engancharla a nuestros enemigos y girar a su alrededor mientras los cosemos a tiros o, simple y llanamente, dar un salto y estamparla contra el suelo para que disfruten de su onda expansiva. Todo ello redondeado por un puñado de habilidades que encajan a la perfección en el loop jugable de Doom: The Dark Ages. Si el escudo nos pedía afianzar nuestra posición y, desde ella, machacar a los demonios con él, la lanza nos ofrece una esquiva que, junto a la mencionada posibilidad de engancharla a los enemigos, favorece un gameplay mucho más ligero y móvil pese a que, cuando la situación lo requiera, también podremos rechazar los proyectiles enemigos o destrozar el blindaje que hayamos dejado a punto.

Esta fantástica percepción sobre el funcionamiento de este DLC termina de forjarse cuando nuestro querido escudo vuelve del mecánico y se cierra el círculo de unas mecánicas que, ahora sí, muestran al funcionar de forma conjunta su verdadero potencial. Lo cual hace que sus aristas sean poco importantes pero no por ello menos dolorosas: un par de jefes finales poco inspirados, tener que seguir recogiendo moneda de curso legal para mejorar nuestra lanza o puzles que hacen trastabillar el ritmo de la experiencia pero no empañan un conjunto que se alza muy por encima de la experiencia original. Más aún, si cabe, al tener en cuenta las posibilidades de sus escenarios abiertos, el contenido post-game o - y esto es algo muy personal - cómo nos incita a revisar con una renovada ilusión la propuesta original.