Ubisoft sigue un paso lógico teniendo en cuenta el mercado actual y nos trae el remake de uno de los juegos más queridos y vendidos de su saga estrella. ¿Un lifting suficiente?

Era la medida más inteligente por parte de Ubisoft; especialmente si tenemos en cuenta lo bien que le están funcionando a empresas como Capcom el hecho de alternar nuevas entregas con remakes de las obras más populares de sagas como Resident Evil. Porque Assassin’s Creed también entra en ese selecto grupo de franquicias poderosamente mediáticas que cuentan por millones a sus fans. En su catálogo de títulos hay varios muy queridos, pero uno de los que destaca sobre el resto es, sin duda, Assassin’s Creed: Black Flag. Precisamente, la obra que pretende abrir el camino convirtiéndose en el primer remake de la saga de saltos de fé y hojas ocultas. ¿Es capaz de mantener el listón en esta nueva versión?

La respuesta es sí y no. La dicotomía que provoca Assassin’s Creed Black Flag Resynced es evidente y se ve marcada por dos aspectos claros: la filosofía de la aventura y el paso del tiempo. Readaptar un mundo abierto tan vasto como el de Black Flag a los nuevos tiempos no es tan sencillo, por lo que hay que limitar el enfoque y eso es lo que se ha hecho en esta nueva versión, donde se han pulido algunos puntos y se han añadido opciones. El contrapunto llega con ciertos aspectos a los que se les notan las grietas propias del paso del tiempo a las que no se ha cuidado con tanto esmero y que, por momentos, dejan un sabor agridulce. Aun así, lo más importante es que esto no deja de ser Black Flag y es tan divertido como siempre.

A grandes rasgos, en Black Flag Resynced nos vamos a encontrar con prácticamente la misma aventura que llegó con un éxito atronador en el año 2013. Esto nos lleva a surcar las aguas del Caribe a bordo del barco capitaneado por Edward Kenway, uno de los protagonistas más carismáticos de la licencia, y quien tiene que recorrer un camino en el que, en ocasiones, es presa de su propia ambición, con el objetivo de convertirse en un pirata reconocido y, por supuesto, rico. La historia de Edward se mantiene prácticamente inalterable con respecto a la original con el objetivo de mantener la fidelidad y el respeto a un conjunto enormemente valorado entre la comunidad de Assassin’s Creed. No hemos detectado ningún cambio tremendamente significativo salvo algunos pequeños matices en la recta final de la aventura, que tienen que ver con enfrentamientos ante jefes finales. Eso sí, hay cambios reseñables.

El primero es la ausencia de las misiones que tenían lugar en el presente y que incidían mucho por entonces a nivel narrativo, llevándonos por las instalaciones de Abstergo y los entresijos del Ánimus. Teniendo en cuenta que, a pesar de ser una parte muy importante del núcleo de la saga, este tipo de enfoque en el presente ha quedado relegado a un plano prácticamente inexistente en las entregas más recientes, no parecía tener mucho sentido reincorporarlo para la ocasión. Si bien se hace algo extraña su ausencia, especialmente si os conocéis el juego al dedillo, lo cierto es que, en este caso concreto al menos, no parece tan importante. Habrá que ver lo que ocurre si Ubisoft opta por hacer remakes de los primeros Assassin’s Creed donde parece algo más complicado encajar las piezas sin la trama del presente.

Hay más cambios en cuanto a contenido, donde ya de por sí se iba desbordante. Aunque, como decimos, la trama de Edward no ha sufrido grandes cambios, sí que se incrementa la experiencia Black Flag gracias a nuevos personajes o a contenido extendido de algunas caras conocidas. Por ejemplo, hay tres nuevos oficiales que se pueden sumar a la tripulación y aportar su granito de arena con sus propias subtramas. A dos de ellos, Lucy y El Padre, podemos conocerlos relativamente pronto en la aventura para comenzar su línea de misiones con las que se puede conocer más sobre su propio trasfondo así como también en la forma de vivir de los habitantes de la isla en aquella época. El desarrollo de sus misiones tampoco revolucionan en demasía, pero al final cumplen con la máxima de dar más y más, que no viene nada mal en el objetivo de pasar horas y horas escudriñando el amplio escenario y limpiando el mapa de indicadores con misiones o tareas por cumplir, ya sean en tierra o en mar.

Además, también hay nuevas tramas que profundizan en personajes a los que ya conocimos en la obra original, como Stede Bonnet o Barbanegra. Algunas de ellas se desbloquean sobre la marcha y, otras estarán accesibles cuando completamos la historia principal de Edward, ya que la aparición de los créditos no tienen por qué significar el final y puede quedar todavía recorrido para alcanzar el 100%, haciendo las delicias de las personas más completistas. Diría que Ubisoft ha dado en el clavo en este aspecto, alargando la experiencia y dando motivos para descubrir cosas nuevas a quienes se conocen el juego de memoria, sin olvidar que todo lo que ofrece también es accesible para quienes busquen experimentar la aventura por primera vez.

Obviamente, los cambios más significativos los encontramos en el apartado visual, donde se ha renovado el motor gráfico Anvil de Ubisoft para proporcionar una experiencia que luzca más actual y que ayude a justificar el volver a surcar los mares. Con un primer vistazo, Assassin’s Creed Black Flag Resynced consigue impactar a nivel visual gracias a su recreación de los entornos selváticos y, especialmente, cuando estamos a bordo del Jackdaw, el icónico barco de Edward, al mismo tiempo que la recreación de las olas y la incidencia del sol en el mar sacan el máximo partido a la tecnología de trazado de rayos. Otro asunto es sobre cómo estos cambios afectan a la dirección artística de la obra original, como suele ocurrir en este caso de adaptaciones, donde todo se muestra más imponente, colorido y espectacular, pero con un tinte más genérico que le resta personalidad.

Por sacarle otro ligero “pero” en este aspecto, los rostros de los distintos personajes, si bien denotan una evidente mejoría, están algunos puntos por debajo de los juegos actuales, así como las animaciones y el control de Edward que no siempre es tan preciso como nos gustaría y que retrotrae precisamente a un esquema de la marca propio de cuando salió la aventura original; algo semejante con la recreación de las ciudades y los numerosos NPCs que pululan por los distintos entornos, cuyos patrones parecen demasiado simplificados y denotan, al igual que en otros puntos en los que ahora incidiremos, el paso del tiempo. En cuanto al rendimiento y para responder a la inquietud que suele acompañar a los juegos de Ubisoft en este aspecto, podemos decir que ha sido óptimo jugando la aventura en una PS5 base. Una tasa de refresco estable durante prácticamente todo momento, incluyendo las situaciones de más estrés con más personajes o elementos en pantalla, sobre todo en las batallas navales donde se suceden impactos, explosiones y hasta efectos atmosféricos. Sí que nos hemos topado con algún que otro bug puntual que nos ha obligado a cargar una partida anterior para solucionarlo. En definitiva, se puede decir que el trabajo de optimización y la ejecución de la renovación ha sido buena. Lo mínimo exigible, por otro lado.

En el núcleo jugable también hay cambios que merece la pena mencionar, especialmente en el sistema de combate. No hay demasiadas variaciones en las icónicas batallas navales, que siguen siendo tan épicas y espectaculares como de costumbre y, si algo funciona, mejor no tocarlo demasiado. La principal variación llega con el HUD que aparece en pantalla que intercambia el minimapa por el mapeado de las opciones de ataque que tenemos en el barco, y que por supuesto podremos ir mejorando adquiriendo nuevos elementos a los mercaderes de los puertos para hacer del Jackdaw un fuerte casi inexpugnable. Los combates navales siguen siendo tremendamente divertidos y son uno de los ejes principales sobre los que se sustenta el éxito de Black Flag, tanto del original como de este remake. En lo que respecta a los combates cuerpo a cuerpo, se han rediseñado los enfrentamientos espada en mano con el objetivo de aportar nuevas opciones a la refriega y, de nuevo, adaptarse a los tiempos actuales; concretamente a lo que el público se ha acostumbrado en estos trece años de diferencia con respecto al original.

El combate es ahora más reactivo, dinámico y, en líneas generales, más similar al de Assassin’s Creed: Shadows, la última iteración de la serie; aunque menos profundo, eso sí. Si bien es un acercamiento más moderno, ya que cuenta con un sistema defensivo que hace uso del parry y las esquivas que nos lleva a pulsar más botones que en la aventura original, y que también los enemigos cuentan con barras de salud o, en algunos casos de aturdimiento como en las aventuras enfocadas en un desarrollo RPG, no se pierde del todo la esencia clásica. Edward cuenta con muchas herramientas a su disposición, incluyendo las icónicas bombas de humo con las que puede sacar partido para aturdir a los enemigos y ejecutarlos instantáneamente gracias a la hoja oculta.

Precisamente, la hoja oculta es el mejor aliado del protagonista en las recurrentes fases de sigilo que tienen lugar en la aventura, con ahora más opciones gracias a la mayor densidad de la vegetación y a la posibilidad de permanecer agachados en todo momento. En este tipo de situaciones es donde tristemente más palidece la aventura debido a que la infiltración en general se resiente considerablemente debido a la prácticamente nula exigencia de los enemigos y la escasa inteligencia artificial con la que se les ha dotado para tratar de ser algo parecido a un desafío. Habitualmente, pasaremos a escasos metros de enemigos que incomprensiblemente no nos ven o que, tras ver como uno de sus aliados está muerto, acuden como moscas a nuestras garras o, más bien, cuchillas. Se rompe la sensación de realismo en más ocasiones de las que debería al ver cómo nuestros adversarios son meros títeres esperando su destino, y que prácticamente no hay penalizaciones al ser descubiertos.

La saga Assassin’s Creed nunca se ha caracterizado por su exigencia y tampoco se le pide eso aquí, pero un poco más de cuidado y algo más de esmero a la hora de diseñar este tipo de comportamientos hubieran convertido a la experiencia en algo más verosímil y, como se pretende, cercana a los tiempos actuales. Quizás se podía haber aprovechado para rehacer también este aspecto y explotar otras mecánicas propias de la saga, como infiltrarse entre la multitud, ya que la presencia de situaciones de ese calibre aquí son, y eran, prácticamente testimoniales. Si bien el juego sigue siendo rabiosamente divertido y entretenido sin demasiadas complicaciones, tanto en algunos momentos de los combates a golpe de espada como en prácticamente cualquier sector de sigilo, a la obra se le notan sus arrugas, presididas por mecánicas anticuadas a las que se debería haber tratado de minimizar su incidencia. Hay que decir que el menú de configuración permite ajustar individualmente la dificultad del combate y el sigilo, algo recomendable especialmente si ya jugasteis a la propuesta original. En mi caso cambié estos aspectos a mitad de la partida con el objetivo de buscar un reto mayor y, en honor a la verdad, se nota ligeramente pero no termina de subsanar un problema que está en la base. En una base que tiene casi tres lustros a las espaldas y a la que, en estos aspectos concretos, no se le ha dado todo el cariño que merece en esta nueva versión.

Dicho todo esto, la experiencia en general con Assassin’s Creed Black Flag Resynced es satisfactoria. Toma un punto de partida que caló hondo gracias a una propuesta carismática y con una barbaridad de posibilidades, que aquí se extienden todavía más para que pasemos horas y horas abordando barcos, infiltrándonos en fortalezas y construyendo un paraíso para los piratas a medidas que vamos consiguiendo recursos haciendo misiones o la infinidad de tareas secundarias que esconde el escenario. No es perfecto y como remake se le puede exigir un poco más en algunos aspectos. Sería mejor si hubiera apostado un poco menos por lo técnico y más por una propuesta jugable a la que no se le apreciaran tanto las costuras de antaño. A pesar de ello, mantiene la inexplicable magia de la experiencia original y sigue consiguiendo atrapar como pocos, resultando una obra a la altura tanto para quienes ya la conocían como para quienes se adentren por primera vez. Ubisoft ya tenía un filón y ahora, seguramente, le seguirá sacando partido.